Deshojando la margarita

Julio se inició y terminó caluroso y políticamente dinámico en el panorama internacional: encuentro bilateral entre Putin y Xi, el líder chino, días antes del G20 y en él, destacan los bis a bis fuera de agenda entre Donald Trump y Putin; de Macron-Putin y Macron-Trump. Merkel, ésta vez, pareció mirarlo desde atrás. Refulgió el áurea presidencial de Francia. Para la celebración del aniversario de la toma de La Bastilla hubo desfile militar en Versalles. Relucieron las armas europeas. Organizado para mostrar que Europa y Francia en particular, no es una potencia a subestimar como lo hizo el mandatario yanqui en la última reunión de la OTAN de hace algunos meses atrás. ¿Vísperas del ejército europeo propuesto por la señora que surgió del frío de la antigua RDA?

Todos acontecimientos, cuyos protagonistas desde hace tiempo, están afanados a la búsqueda y armado de un encastre beneficioso para todas los imperialismos – en decadencia y ascendentes-, en la nueva fase de acumulación capitalista que se inicia con la confirmada derrota en el corto plazo del accionar terrorista en el Medio Oriente Ampliado patrocinado por las potencias occidentales a manos de los ejércitos Sirio e Iraquí, con el apoyo de Rusia, Irán, China y Hezbolá.

Objetivo difícil, sino imposible de lograr en el marco capitalista en plena fase imperialista de múltiples hegemonías. Aún logrando cierto equilibrio que dé lugar a una relativa paz en la región, son tantos y variados los puntos de conflictos de alto voltaje a lo largo y ancho del planeta entre los belicosos intereses imperialistas (Korea, Mar de la China; Ucrania, Venezuela,…), que como sucedió en un pasado no tan lejano que parece olvidado, cualquier banal suceso puede desatar una guerra generalizada de consecuencias inimaginables para toda la humanidad. Atroz.

Consciente de su relativa debilidad como potencia internacional la clase dominante de la UE se aboca a la tarea de vigilar, amordazar y recortar derechos a los trabajadores que vivimos en los estados miembros. Por eso avanzan planes secretos o semisecretos en la actividad de contrainsurgencia y de contrarrevolución preventiva para defender sus privilegios. Cínicamente nos informan de la creación de un cuerpo de Policía Europea. Como si esta no existiera, en todas sus variantes (Interpol, Gladio, etc.) desde la finalización de la 2ª Guerra Mundial.

No es para subestimar la capacidad de control que tiene la burguesía imperialista europea sobre los trabajadores y los pueblos que explota. Sin embargo la rebeldía que genera el desigual reparto de la riqueza, la falta de libertad real, el grado de precariedad en que ingresan diariamente amplios sectores de la sociedad hace que por más cuerpos de represión que creen y refuercen con tecnología y personal a los existentes, dicha rebeldía aflora en forma de movilización como quedó demostrado en las calles de Hamburgo donde tuvo lugar la reunión del G20.

En el Estado español la cuestión catalana -el conflicto político que genera El Procés-, ocupa la centralidad política del momento. Pero antes de entrar en ello, de pasada, vale tocar tres temas; dos de ellos de apariencias diferentes, pero ambos transfieren ingresos desde el “factor trabajo” al “factor capital” con la participación activa del Estado, a saber: uno, el crédito al que recurrió el Estado para hacer frente a la paga extra de junio a los y las pensionistas; y dos, a la finalización y resultado del conflicto de los estibadores. Y el tercero: la petición fiscal de 375 años de cárcel para los jóvenes de Altsasu. Aunque su cualidad es de política jurídica, dialécticamente se vincula con los otros dos pues en la desmesura de la condena solicitada por el fiscal subyace un claro mensaje: vamos a por vosotros, destinado a quienes opongan resistencia a las políticas de ajustes, a la ley Mordaza y demás injusticias vigentes, aparte de los compañeros de Altsasu.

Ahora la realidad, cuyas apariencias suelen ser engañosas. Así parece suceder en el conflicto Estado/Catalunya. Tanto Rajoy, como Puidgemont, se empeñan en mostrarse intransigentes en sus respectivas y opuestas posiciones. ¡España es indivisible! dice Rajoy; ¡Referéndum Sí o Sí! Se enroca el President. ¿Y entonces? ¿Vamos al choque de trenes? ¿Habrá torcedura de brazo? ¿Quiénes serán los vencedores y quienes los vencidos?

La historia en general -especialmente en el capitalismo-, no entiende de determinismos pues responde a la lucha de clases. Lucha de clases hecha de conflictivos mestizajes económicos, políticos, sociales y familiares que al desarrollar sus contradicciones capitalistas, conllevan a batallas esporádicas y según la gravedad del conflicto, desembocan en guerras interburguesas y de las otras, las civiles. Al interior de estas dos formas extremas de enfrentamiento en que parecen ubicarnos las declaraciones de los bandos unionistas e independistas y los titulares de los medios de comunicación, resulta necesario y conveniente un “análisis concreto de la situación concreta”, nos diría Lenin.

Por eso decimos que el derecho a la autodeterminación es un derecho democrático. La exigencia de un referéndum trae aparejado que ambas partes tienen sus razones. Y es precisamente aquí, en la apariencia democrática del evento donde se oculta la condición de clase del mismo. La clase social hegemónica, los que controlan los medios de producción, no se suicida. No tira a la basura su actual correlación de fuerzas frente a la clase trabajadora, los que vivimos de la venta de nuestra fuerza de trabajo. De ahí que nuestras demandas, es decir, aquellas que van encaminadas a acabar con la explotación del ser humano sobre el ser humano quedan excluidas de la convocatoria para el 1-O. Es tarea de las y los trabajadores, de las organizaciones revolucionarias, señalar la condición de clase y los límites del referéndum. Tarea que, es notorio no se vino haciendo, ni se hace con la contundencia que demanda el momento en ninguna parte del estado.

Omisión que, una vez más comprueba que en política no existen espacios vacios. Es llamativo que las gestiones, veladas o no, que vienen realizando, casi sin excepción, los representantes de los partidos políticos con representación parlamentaria, apuran el curso de la negociación para sortear el “choque de trenes” –fatua metáfora para definir intereses materiales interpenetrados cuando no, fusionados-, mediante un pacto que con el correr de los días y en la medida que nos acerquemos al 1-O, nos cabe la casi certeza, terminará aflorando. Postulantes a salvadores, hay. Hasta entonces las y los independentistas, como los enamorados inseguros, harán del desenlace del Procés la flor a desflorar.

El 2 –O, de cumplirse la tendencia que señalamos, la foto de la realidad social que se podrá sacar, no expresará “el café para todos” del ´78, sino que los que se han caído, ahí quedarán. La re-centralización resultante será la salvación (temporal) de los explotadores, no de nosotros, los “condenados de la tierra” al decir de Fannon.

Y con esto volvemos a engancharnos, después de un mes ausentes, a los debates del día a día aportando con nuestro humilde trabajo un punto de vista nacido de diversos intercambios de opiniones con el cual les invitamos a tomar parte activa del devenir de las circunstancias y participar en ellos en este medio.

La Granja,

Agosto 2017

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One thought on “Deshojando la margarita

  1. En una societat burgesa, on l’esquerra (la classe obrera) no te presencia física visible, resulta quasi impossible fer un anàlisi ponderat de la situació al voltant de la correlació de forces polítiques. La ideologia burgesa està profundament incrustada en les arrels de tots els grups polítics. Això comporta un visió de la realitat política desviada, així doncs, tot el procés és burgés fins el moll de l’ós.

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