Los límites de la democracia burguesa

A 100 días de la envestidura de Donald Trump el mundo no parece un lugar tranquilo. Continúan las aventuras imperialistas en Irak, Afganistán, Libia y Siria. Los y las palestinas siguen sufriendo la ocupación sionista. Ucrania sigue siendo un polvorín. En Colombia el “Proceso de Paz” no deja de cobrarse víctimas: grupos paramilitares siguen asesinando líderes sociales y la nueva vida de los guerrilleros de las FARC-EP es una incógnita. En Venezuela recrudece la violencia: la derecha venezolana encabezada por Capriles y en alianza con el imperialismo norteamericano buscan cualquier pretexto para desestabilizar al legítimo gobierno de Maduro. A pesar de no haber trascendido más allá de la retórica, y el estadio de la diplomacia, una batalla muy importante, quizás la que condicione las próximas décadas, la están jugando China y Rusia frente a los EEUU. Pero justamente como aún no trascendió del cruce verbal y las sanciones económicas el aspecto militar se dirime en Corea del Norte. Todo esto es consecuencia de la fase Imperialista por la que atraviesa el capitalismo.

“Tomad la política exterior. En ningún Estado burgués, ni aún en el más democrático, se hace abiertamente. En todas partes se engaña a las masas; y en países democráticos como Francia, Suiza, Norteamérica e Inglaterra se hace de un modo cien veces más amplio y refinado que en otros países.”1

Pero para que la lucha de clases haya adquirido la dimensión internacional primero se ha de dar dentro de los Estado-nación. El Estado es resultado de esa lucha de clases. Quien controla el Estado se arroga el monopolio de la violencia. Hoy, a diferencia de lo que sucedía cuando existía el campo socialista, la disputa se da entre las fracciones de la burguesía. Ninguna de las fracciones que aspiran al control de los monopolios aspira a transformar el sistema productivo. En todo caso lo que persiguen es una profundización de la contradicción que atraviesa todos los aspectos de la vida: Capital – Trabajo asalariado.

De ahí que desde este espacio lleguemos a la conclusión de que la política parlamentaria está, en estos momentos, absolutamente subordinada a la fuerza militar. Es posible que un partido político gane unas elecciones pueda llevar adelante algunos cambios formales. Pero solo formales. Los cambios de esencia, los profundos, encontrarán obstáculos que solo se dirimirán con el uso de la fuerza. Esta situación, cuanto más desarrollado es el Estado -aquellos llamados “democráticos”- más consolidada está. “En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre igualdad formal, proclamada por la “democracia” de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados.”2

El Estado español también está marcado por este aspecto militar. En las partidas presupuestarias rara vez hay recortes en los sectores importantes de las fuerzas represivas. De hecho, en épocas de crisis –cuando la conflictividad social aumenta-, las partidas de dinero destinadas a los cuerpos policiales aumentan. El caso más cercano en el tiempo lo encontramos en Euskadi donde el PNV aumentará la plantilla de la ertzaintza. Resta esperar a si finalmente los gobiernos de turno suben el presupuesto destinado a la OTAN como exige el nuevo emperador instalado en la Casa Blanca.

“La democracia burguesa, que constituye un gran progreso histórico en comparación con el medioevo, sigue siendo siempre –y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo- estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres.”3

Por eso es importante señalar que no puede haber igualdad entre explotador y explotado. Entre ricos y pobres. “¿Hay un solo país del mundo, entre los países burgueses más democráticos, donde el obrero medio, de la masa, el bracero medio de la masa, o el semiproletario del campo en general (es decir, el hombre de la masa oprimida, de la inmensa mayoría de la población) goce, aunque sea aproximadamente, de la libertad de disponer de la mayores imprentas y de las mejores reservas de papel [o canales de televisión]4 para expresar sus ideas y defender sus intereses?”5

La corrupción parece ser el tema de discusión del momento. Todos los partidos políticos se señalan unos a otros pero nadie se pregunta de donde nace esa corrupción. Cuál es su origen. ¿Esa falta de igualdad entre explotar y explotado puede tener algo que ver con la corrupción? ¿Es inherente al sistema de producción capitalista?, es decir ¿puede haber capitalismo sin corrupción? ¿Mientras rija la Ley del Valor habrá corrupción?

Quizás parezcan preguntas de obvia respuesta. Si lo son…caben otros interrogantes, como por ejemplo ¿Qué se busca con la transversalidad de clase que propugnan los partidos políticos progresistas? ¿Qué resultado puede tener el Proces? Cuando hablamos de “democracia” ¿democracia para quién?

Las respuestas prácticas a estas preguntas tienen consecuencias políticas. Sabemos, por experiencia, que el papel lo aguanta todo. Desde este espacio somos consientes que se construye desde lo simple a lo complejo, desde lo pequeño a lo grande. En la ciudad, para alegría de unos y desgracia de otros, sorteamos otro 1º de Mayo. La manifestación organizada por los sindicatos oficiales estuvo marcada por un fuerte tinte economicista. Nada nuevo. La manifestación llevada a cabo por los sindicatos alternativos y la izquierda anticapitalista fue menos numerosos que en años anteriores. Quizás por el puente, por el partido del Nástic – Reus, o quizás, por limitaciones propias, o un poco de todo. Nuestro análisis -que no descarta los factores ajenos- suele centrarse en las contradicciones internas. Hace unas semanas leíamos un artículo en la revista Tanyada – editada por Endavan-OSAN – que decía a modo de autocrítica “Cal assumir la responsabilidad col-lectiva d’haver-nos limitad, com a moviment, a navegar amb vents favorables i oblidar la necesitat de mantenir ferm el timó. Es a dir, d’haver menyspreat el pensament estratégic i haver confiat en l’espontaneisme.”6

¿Qué supone, en términos prácticos, asumir la responsabilidad de haber confiado en el espontaneísmo?

 

La Granja

Mayo 2017

1 La revolución proletaria y el renegado Kautsky; V.I. Lenin, Obras Escogidas; Tomo III, Pág 78

Editorial Progreso 1970

2 Ibídem Pág. 77

3 Ibídem Pág. 75

4 Apunte hecho por Espineta amb Caragolins

5 La revolución proletaria y el renegado Kautsky; V.I. Lenin, Obras Escogidas; Tomo III, Pág 80

Editorial Progreso 1970

6 Crisi, estratègia, programa; La Tanyada 14; marzo 2017; http://www.endavant.org

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