Feminismo Socialista?

Este artículo se publicó en 1976 en EEUU como respuesta teórica a lo que se consideran deficiencias tanto del marxismo como del feminismo radical. Su objetivo? Entender la subordinación de la mujer de forma coherente y sistemática, integrando clase y sexo así como otros aspectos (raza/etnia, orientación sexual…) para avanzar en el camino a la liberación.

El feminismo socialista lleva entre nosotras mucho tiempo, a un determinado nivel, quizás no muy articulado. Tu eres una mujer en la
sociedad capitalista. Te cabreas: por el curro, por las facturas, por tu marido (o ex), por la escuela de los críos, por el
trabajo doméstico, estar guapa, no estar guapa, que te miren, que no te miren (y en cualquier caso que no te escuchen, etc). Si piensas en todo esto y en como encaja y lo que hay que cambiar, y buscas una expresión que lo sintetice, casi has llegado a “feminismo socialista”.

Muchas de nosotras llegamos al feminismo socialista de esta manera. Estábamos buscando una palabra, término o frase que pudiera empezar a expresar todas nuestras preocupaciones, todos nuestros principios, de una manera en que sin “socialista” ni “feminista” lo hacía. Tengo que admitir que la mayoría de feministas socialistas que conozco tampoco les gusta demasiado ese término. Es muy largo y al mismo tiempo muy corto para lo que en realidad es feminismo socialista, internacionalista, antiracista, antiheterosexista.

El problema con adoptar una nueva etiqueta es que crea instantáneamente un aura de sectarismo. El “feminismo socialista” se convierte en un misterio, un problema. Surgen conferenciantes, charlas, artículos sobre el feminismo socialista -aunque sepamos que tanto socialismo como feminismo son demasiado amplios e inclusivos como para ser objeto de un articulo, charla o conferencia que tenga sentido. Todo el mundo se pregunta ansiosamente, qué es el feminismo socialista? Y se crea la expectativa de que es o que se va a convertir en cualquier momento, quizás en la próxima charla, conferencia o artículo en una brillante síntesis de proporciones mundiales desde un punto de vista histórico! El salto evolucionario que supere a Marx, Freud y Wollstonecraft. O bien que se disuelva en la nada, que sea tan solo una moda que seguirán unas pocas feministas descontentas, una distracción temporal más.

Voy a intentar acabar con algo del misterio que hay ido creciendo alrededor del feminismo socialista. Una manera lógica de hacerlo es mirar al socialismo y al feminismo separadamente. Como mira el mundo una socialista, una marxista más precisamente? Como lo hace una feminista?

Para empezar, marxismo y feminismo tienen algo muy importante en común: la manera crítica de mirar al mundo. Ambos destruyen la mitología popular y el sentido común y nos fuerzan a analizar la experiencia de forma distinta. Ambos intentan entender el mundo (…) en términos de antagonismos. Conducen a conclusiones que son desagradables y perturbadoras al mismo tiempo que liberadoras. No hay forma de que una marxista o una feminista se quede mirando como espectadora. Entender la realidad crudamente revelada en sus análisis es ponerse en acción para cambiarla.

El marxismo se centra en las dinámicas de clase de la sociedad capitalista. Todo científico social sabe que las sociedades capitalista se caracterizan por la desigualdad sistémica. El marxismo considera que esta desigualdad procede de procesos que son intrínsecos al capitalismo como sistema económico. Una minoría, la clase capitalista, tiene en propiedad todas las industrias, fuentes de energías, recursos, etc de los que el resto depende para poder vivir.

La gran mayoría, la clase trabajadora, debe trabajar por pura necesidad, en las condiciones impuestas por los capitalistas, por el salario que paga el capitalista. Puesto que los capitalistas hacen beneficios al pagar menos en salarios que el valor de lo que las asalariadas producen realmente, la relación entre ambas clases es necesariamente una de antagonismo irreconciliable. La clase capitalista debe su propia existencia a la explotación continuada de la clase trabajadora. Lo que mantiene este sistema de gobierno de una clase sobre otra es llevado el análisis a fondo, la fuerza. La clase capitalista controla, directa o indirectamente, los medios de violencia organizada representada por el estado. Sólo mediante una lucha revolucionaria que tenga como objetivo tomar el poder puede liberarse la clase trabajadora y a fin de cuentas, todas las personas.

El feminismo se centra en otra desigualdad cotidiana. Toda sociedad humana están caracterizadas por una desigualdad entre los sexos. Si observamos las sociedades humanas, a través de la historia y los continentes, vemos que todas tienen en común la subyugación de las mujeres a la autoridad masculina, tanto en el ámbito familiar como en la sociedad en general, la cosificación de las mujeres como un tipo de propiedad, una división sexual del trabajo en el que las mujeres son confinadas a actividades como la crianza de los hijos, la realización de servicios personales a los hombres adultos y algunas formas específicas de trabajo productivo, generalmente desprestigiadas.

Las feministas, sorprendidas por la casi universalidad de su opresión, han tratado de explicarla por los “dones” biológicos subyacentes a toda existencia social humana. Los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres de media, especialmente si se les compara a las mujeres embarazadas o que crían bebés. Además, los hombres tienen el poder de dejar a las mujeres embarazadas. Así las formas de desigualdad sexual se podrían basar a pesar de variar de una cultura a otra, en la ventaja física de los machos sobre las hembras. Es decir en la violencia o en la amenaza de violencia.

La antigua raíz biológica de la supremacía masculina, el hecho de la violencia masculina, se suele disfrazar mediante las leyes y costumbres que regulan las relaciones entre los sexos en cualquier cultura. Pero sigue ahí, según el análisis feminista. La posibilidad del ataque masculino es una amenaza constante a las “mujeres malas”, rebeldes, agresivas y convierte a las “mujeres buenas” en cómplices de la supremacía masculina. La recompensa por ser “buena” (“guapa”, sumisa) es la promesa de protección de la violencia masculina aleatoria y en algunos casos de seguridad económica.

El Marxismo reduce a la nada los mitos de la democracia y su pluralismo para revelar un sistema de clase que se basa en la explotación forzada. El feminismo desgarra los mitos del “instinto” y el amor romántico para exponer la dominación masculina como “razón de la fuerza”. Ambos análisis nos fuerzan a mirar directamente esta injusticia fundamental. La opción es entre el confort de los mitos, o como dijo Marx, luchar por un orden social que no requiera de mitos que lo sustenten.

Es posible unir Marxismo y feminismo y llamar a la suma “socialismo marxista”. De hecho, probablemente es así como la mayoría de las feministas marxistas lo ven la mayor parte del tiempo: como una especie de híbrido, forzando nuestro feminismo en los círculos feministas, nuestro socialismo en los círculos feministas. Un problema de dejar las cosas así es la gente que se pregunta, bueno, ella realmente, como se posiciona? O que nos pregunta cuál es la contradicción principal. Este tipo de preguntas que suenan tan imperiosas y autoritarias a menudo nos bloquean en nuestro camino: “Has de escoger!”, “O lo uno o lo otro!”.

Sin embargo existe una coherencia política en el feminismo socialista. No somos híbridas ni observadoras pasivas. Para conseguirla tenemos que diferenciarnos como feministas de otras feministas y como marxistas de otras marxistas. Tenemos que reivindicar un feminismo que sea socialista y un socialismo que sea feminista. Sólo así cabrá la posibilidad de que ambos se unan creando algo más que una difícil yuxtaposición.

Creo que la mayoría de las feministas radicales y socialistas estarán de acuerdo con mi resumen del feminismo hasta ahora. El problema con el feminismo radical, desde mi punto de vista, es que no avanza más. Se queda en la universalidad de la supremacía masculina- las cosas no han cambiado, todos los sistemas sociales son patriarcales, el imperialismo, militarismo y capitalismo son solo expresiones de la agresividad masculinidad innata. (…)

Una de las variaciones históricas sobre la cuestión del sexismo que debería preocupar a todas las feministas son los cambios producidos por la transición de una sociedad agraria al capitalismo industrial. Este no es un asunto académico. El sistema social previo al capitalismo era patriarcal en el sentido original del término, donde la producción se centraba en el hogar y era presidida por el macho de más edad. Pero el hecho es que el capitalismo industrial se instaló segando la hierba bajo los pies del patriarcado. La producción se desplazó a las fábricas y los individuos salieron de la familia para convertirse en asalariados “libres”.

Afirmar que el capitalismo alteró la organización patriarcal de la producción y la vida familiar no quiere decir, por supuesto, que el capitalismo abolió la supremacía masculina!. Quiere decir que las formas de opresión sexual que sufrimos hoy en día son de reciente desarrollo. Existe una discontinuidad histórica entre nosotras y el verdadero patriarcado. Si queremos entender nuestra experiencia como mujeres hoy, debemos comenzar a considerar el capitalismo como un sistema.

Por supuesto que podríamos haber llegado a esta conclusión por otras vías. Por ejemplo, porque como feministas, nos interesan más las mujeres más oprimidas, las mujeres pobres y de clase trabajadora o las mujeres del “3º mundo” y que por ello necesitamos comprender y luchar contra el capitalismo. O porque las mujeres somos miembros de una clase y por eso necesitamos luchar contra el sistema de clases. Pero estoy intentando mencionar algo más sobre nuestra perspectiva: no hay manera de entender el sexismo tal como incide en nuestras vidas si ponerlo en el contexto histórico del capitalismo.

Creo que la mayoría de feministas socialistas también concordarán con este resumen de teoría marxista. Y el problema de nuevo es que hay muchas personas, a quien yo llamo “marxistas mecanicistas”, que no dan ni un paso más. Para ellas sólo es “real” e importante en la sociedad capitalista lo relacionado con el proceso productivo o la esfera política convencional. Así toda otra experiencia y existencia social – educación, arte, sexualidad, ocio, familia, trabajo doméstico…- es periférico a la dinámica central de cambio social. (…)

Las feministas socialistas están en un campo muy diferente de lo que yo llamo “marxistas mecanicistas”. Nosotras, junto con muchos marxistas que no son feministas, consideramos el capitalismo como una totalidad social y cultural. Creemos que en su búsqueda de mercados, el capitalismo se ve impulsado a penetrar en todo recoveco de existencia social. Especialmente en la fase de capitalismo monopólico, el reino del consumo es tan importante, exclusivamente de un punto de vista económico como el de la producción. Así que no se puede entender la lucha de clases si se reduce a una cuestión de salarios y horas, que sólo tiene lugar en el centro de trabajo. La lucha de clases se da en todo escenario donde los intereses de clase se enfrentan. Nuestro objetivo no es transformar sólo la propiedad de los medios de producción sino la totalidad de la existencia social.

Como marxistas, nostras llegamos al feminismo desde un punto completamente distinto del de los marxistas mecanicistas. Porque consideramos al capitalismo monopólico como una totalidad política económica y cultural, tenemos espacio en nuestro marco para cuestiones feministas no relacionadas ostensiblemente con la producción o la “política”, cuestiones que tienen que ver con la familia, la salud, los cuidados, la vida “privada.(…)

Nosotras llegamos a un tipo de feminismo y un tipo de marxismo con intereses que se enlazan naturalmente. Pienso que podemos ver ahora porque se ha mistificado tanto al feminismo marxista: la idea es un gran misterio o paradoja, si al hablar de marxismo se piensa en el “marxismo mecanicista” y al hablar de feminismo se piensa en un feminismo radical ahistórico. Ambas corrientes no suman, más bien no tienen nada en común.

Pero si lo que se quiere unir es otro tipo de socialismo y otro tipo de feminismo, como yo he intentado definirlos, entonces se llega a una convergencia, al feminismo marxista hoy en día, que es un espacio libre de las constricciones de un tipo de feminismo truncado y de una versión truncada del marxismo, en el que se puede desarrollar el tipo de política que aborda la totalidad política, económica y cultural de la sociedad capitalista monopólica. No se podía avanzar más con los tipos existentes de feminismo, con el marxismo convencional, así que había que romper para llegar a algo menos restrictivo e incompleto en su visión del mundo. Le dimos un nuevo nombre “feminismo socialista”, para afirmar nuestra determinación de comprender la totalidad de nuestra experiencia
y para forjar una política que refleje la totalidad de esa comprensión.

Barbara Ehrenreich

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One thought on “Feminismo Socialista?

  1. Gracias por este artículo. Hay que seguir tirando del hilo hasta enredar a todo el mundo a partir de aquí: “Y el problema de nuevo es que hay muchas personas, a quien yo llamo “marxistas mecanicistas”, que no dan ni un paso más. Para ellas sólo es “real” e importante en la sociedad capitalista lo relacionado con el proceso productivo o la esfera política convencional. Así toda otra experiencia y existencia social – educación, arte, sexualidad, ocio, familia, trabajo doméstico…- es periférico a la dinámica central de cambio social”.

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