EVITESE PROBLEMAS, ENTREGUESE

Me acerco al edificio blanco que es casi circular cruzando la plaza que hay delante por esta puta libertad vigilada,¿cuantas veces más deberé hacerlo? en el que funciona desde siempre el Comando del 2º Cuerpo de Ejercito. Muestra una planta sola pero compañeros aseguran que hay dos subsuelos. En el segundo torturaban…ellos estuvieron…

En la puerta de entrada, un cubículo vidriado lo hicieron después del golpe aloja a tres soldados de guardia. Al verme, el más viejo descorre el vidrio del ventanuco de la garita y me estudia en silencio.

_ Me citó el hijoputa teniente coronel Gonzáles Roulet”,

_ ¿Su nombre? Tus bigotes son teñidos se lo digo y su vista se va detrás del dedo índice con el que se saca los mocos que pisa descendentemente una corta lista escrita en papel.

_ Acompáñalo, le dice al más alto ¡qué cara de infeliz tiene el pobre! de los uniformados quien del armero recoge ¡un FAL! que se carga al hombro y sale de la garita. El sígame, decide que atravesemos el hall de entrada de suelo de mármol blanco y techo abovedado. Una araña enorme poblada de caireles e incontables focos encendidos compiten inútilmente con la luz natural de las diez de la mañana que entra por las elevadas y alargadas claraboyas, cuelga del techo. La composición lumínica así formada, a la vez que las destaca, descompone su simbiosis después de posarse sobre los dos óleos agrietados que cuelgan, uno al lado del otro, sobre una de las paredes laterales en una metralla de haces espectrales. En el primero, un ya viejo general padre de la patria parece dormir por el estereotipo que de él la historia oficial ha hecho del país y en el siguiente, otro general en actitud hierática,   que la misma corriente historiográfica lo pinta deslucido y pusilánime los dos fueron patriotas revolucionarios

Al final de hall, después de pasar delante de altas y anchas puertas cerradas con el inocultable interés de resguardar los recintos donde se planificaron y siguen planificando secuestros y asesinatos de miradas extrañas, llegamos, siempre con el guardia armado un paso por delante de mí, a una escalera de madera trabajada regiamente sin mantenimiento alguno por la que iniciamos el descenso. Sea por el guardia armado o por los retratos de dictadores genocidas pretéritos ahora hay otro, abrochados en pared de la izquierda como antes estuvieron al sillón presidencial, pared sobre la que también se afirma la escalera, siento que mi estómago va a reventar de nauseas crecientes por el odio que me provoca estar en este sitio.

A mitad de la escalera, un descanso rectangular es aprovechado para invertir el sentido del recorrido y acabar en uno de los extremos del largo pasillo del primer subsuelo la escalera continúa… hay otro… por lo menos por el que adelantamos hasta el despacho del teniente coronel. “Personalmente lo voy a matar a su hijo”. “No le des importancia mamá”.

Habla por teléfono. Con un ademán me ofrece la silla libre de su escritorio. Pocos muebles más hay todos de cuartel, igual que el color crema de las paredes descascaradas. Una pálida iluminación certifica la historia tenebrosa del lugar faltan las manchas de sangre.

El mapa de la ciudad que hay en la pared detrás del militar, está ¿por qué? dividido en sectores por gruesos e irregulares trazos. Dentro de cada uno hay números escritos de dos, tres y cuatro dígitos que se repiten encolumnados suman 24.837 sobre una cartulina blanca ¿de que va esto? pegada en el costado derecho del plano.

_ ¿Quiere saber de que se trata?” el hijo de puta se dio cuenta me pregunta mientras cuelga el teléfono y agrega, pero Ud. viene por un permiso de salida de la ciudad, ¿verdad? me esta curtiendo “No hay problema – continúa sin esperar mi respuesta-, ¿a dónde necesita ir?

Apila en un ángulo de la mesa las carpetas dispersas y saca un   formulario impreso de un cajón que morosamente se da a la tarea de completarlo el hijo de puta no necesita preguntarme nada, conoce todo de mi…

_ Son el total de informantes que tenemos en la ciudad -duda un instante y se decide-, detallados por subzonas. ¡Será posible!

Minutos después me extiende la autorización:

_ La tiene que presentar en la comisaría del barrio de destino el mismo día que llegue a la capital. Le pedirán la dirección en donde para -se detuvo un instante, en el qué, otra vez pensaba antes de continuar- si no lo hacen, proporciónesela Ud. Evítese problemas.

Me retiré y mientras cerraba la puerta de su despacho, en un tono más alto del necesario, escuché:”¡Uno cada cuarenta habitantes de la ciudad!”.

¡La puta que te parió! El aire de éste sótano es el que se respira en todo el país…

Saturado Salmuera

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