Carta abierta a J. Salvador

“En el hombre, las emociones se suscitan más rápidamente que la inteligencia; (…) es mucho más fácil solidarizarse con el sufrimiento que con el pensamiento. De esta forma, con admirables, aunque mal dirigidas intenciones, en forma muy seria y con mucho sentimiento, se abocan a la tarea de remediar los males que se ven. Pero sus remedios no curan la enfermedad: simplemente la prolongan. En realidad sus remedios son parte de la enfermedad.”

Oscar Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo

 

Recientemente se ha formalizado la firma del acuerdo entre CIU y el PSC para aprobar la ley que posibilitará la construcción del macro-complejo turístico Bcn World. Una alianza entre la derecha catalana y la vertiente autonómica del partido que, junto al PP, llevó a cabo la reforma del artículo 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda. Con este acuerdo, en el que se han aprobado medidas como la rebaja del 55% al 10% de los impuestos del juego en los casinos, se sigue promoviendo una salida a esta crisis en la que el Capital sale más reforzado.

Más allá de las críticas que despierta en sí el macro-proyecto del Bcn World debido al impacto ambiental que tendrá en la Sèquia Major, al tipo de turismo que se intenta atraer, al retorno de las técnicas especulativas que nos llevaron a la burbuja inmobiliaria,… ya de por sí suficientes para rechazarlo; queremos detenernos en la perversión que se da entre el modelo socio-económico que promueve y el hecho de que entre sus partidarios se encuentre uno de los referentes sindicales de la comarca.

Jordi Salvador, como secretario general de UGT en las comarcas de Tarragona, se sumaba hace pocos días a la firma de un manifiesto a favor de la construcción del complejo. Entre las razones bajo las cuales ha justificado ese apoyo destacan la creación de puestos de trabajo, la inversión económica en el Camp de Tarragona o el convertir Tarragona en “un referent del turisme de negoci, activitat de molt valor afegit.” Razones todas ellas que, a su entender, irán en beneficio de las trabajadoras y trabajadores de la provincia. Así, desde UGT se definía este proyecto como “l’unic que pot treure de l’atur a milers de persones de les nostres comarques”.

¿Cómo es posible que quien está al frente de una organización sindical considere este proyecto como el ÚNICO que puede sacar a miles de personas del paro? ¿Cómo es posible que se defienda el juego, la especulación inmobiliaria, los campos de golf,… como la solución a los problemas de las trabajadoras y trabajadores de la comarca? ¿Cómo desde una organización sindical que se dice de clase se pueden defender los intereses del capital como solución a las necesidades de la clase trabajadora?

Es cierto que esta posición no es novedosa. La vivimos en los múltiples conflictos laborales que se dan día tras días en nuestras comarcas. Unas veces se camufla bajo el discurso del miedo, alegando que mejor aceptar una rebaja salarial, aumento de jornada,… porque cualquier otra alternativa sería peor. Otras bajo la justificación de la reducción presupuestaria en el sector público, que es más vistoso denunciar en las movilizaciones ciudadanas que desde los propios puestos de trabajo. Y siempre, tras las reuniones entre los Méndez y los Toxo con las patronales y gobiernos de turno, tras las cuales los ya tibios discursos reivindicativos se atenúan y la sumisión de aquellos, que desde los pactos de la Moncloa han renunciado a la lucha de clases, se hace más patente si cabe.

Rescatamos aquí una cita empleada por Marx en el Capital: “El obrero pedía medios de subsistencia para vivir, el jefe pedía trabajo para ganar (Sismondi)”. Con ella pretendía reforzar su argumento de que el proceso capitalista de producción, verdadero responsable de que tengamos 113.000 parados en las comarcas de Tarragona, “considerado en su conjunto, o como proceso de reproducción, no solo produce mercancía, no solo plusvalía, sino que produce y reproduce la propia relación del capital: de un lado, el capitalista; de otro, el obrero asalariado”(…) “De esta suerte, reproduce y perpetúa las condiciones de explotación del obrero” (K. Marx, El Capital).

Adelantándome a las críticas que me llegarán llamándome idealista (probablemente de quienes se dicen marxistas y ello a pesar de citar a este mismo autor), lo que pretendo señalar es que para dar una salida favorable a la clase trabajadora ante las contradicciones del capital, entre las que también se encuentran las cifras de parados en Tarragona, hemos de, como señalaba Iñaki Gil de San Vicente recientemente en un artículo, “organizar e impulsar las luchas que pueden sacar a la crítica pública la explotación y el poder, en lugar de impulsar lo que siendo electoralmente rentable no cuestiona la legalidad vigente y menos aún los pilares de la civilización del capital.”

Vemos en nuestras comarcas como grandes empresas multinacionales anuncian año tras año millones de euros en beneficios: Repsol, Basf,… a la vez que, desde hace años, llevan adelante una política de reducción de plantillas en base a las mejoras tecnológicas que han implantado y amparadas en una legislación desarrollada para defender sus intereses. Vemos como miles de empleados del sector público pierden su empleo, debido a una falta de presupuesto justificada por la obligación constitucional de pagar la deuda y ante el regocijo de los capitales privados que se benefician de la prestación de los servicios que antes eran de carácter público. Y con todo ello, la UGT de las comarcas de Tarragona ve Bcn World como el único proyecto capaz de solucionar la situación de desempleo de miles de trabajadoras y trabajadores de Tarragona.

Esta visión va en la misma línea de las últimas posiciones defendidas por este sindicato, justificando su inacción con la falta de capital (cuotas de afiliación) para combatir al Capital, con la defensa de los liberados basada en el ahorro de costes que suponen para los empresarios al canalizar hacia vías administrativas los conflictos laborales, promoviendo cursos de formación de emprendeduría o escondiendo los casos de corrupción internos de la crítica pública para tratarlos como un conflicto meramente interno, en lugar de someterlos al juicio de la clase trabajadora, no para hundirse como organización, sino más bien para realmente salvarla.

La única salida real para los trabajadores y trabajadoras, en activo o parados, pasa por desarrollar su conciencia de clase. Para ello hoy, en plena crisis estructural del sistema capitalista, hemos de apoyarnos en las luchas concretas que se dan en nuestro territorio y que sacan a la luz la contradicción irreconciliable entre el Capital y el Trabajo. No dejarnos seducir por la lógica burguesa para, como señalaba la cita de Wilde, acabar proponiendo remedios que son parte de la enfermedad.

 

David Rey

 

 

 

 

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