Salir del ghetto

La crisis económica parece tener un enemigo principal, la clase trabajadora. Los recortes en derechos laborales, en libertad de expresión, las trabas en el acceso a la justicia, a atención médica y a la educación, la reducción de los salarios, afectan a todos los trabajadores, sí, pero especialmente a las trabajadoras. Son ellas las que acaban en los puestos más precarios trabajando generalmente a tiempo parcial para poder hacerse cargo de los familiares dependientes. Son ellas las que se encuentran con cada vez menos posibilidades de escapar de la violencia de género, sin poder permitirse denunciar ni acceder a una plaza de los cada vez más escasos centros de acogida. Son ellas las que tienen cada vez más posibilidades de subsistir mediante la prostitución o de caer en la miseria y la exclusión.

A pesar de los hechos objetivos, la izquierda a menudo parece no ver la dureza del ataque que sufren las mujeres. Los hombres, hasta nuestros mismos camaradas, se olvidan fácilmente de luchar por nuestra dignidad y libertad. Y nosotras volvemos a centrarnos en otras luchas, siempre primordiales y volvemos a caer en la trampa, como tantas veces a lo largo de la historia. Cada vez que el movimiento feminista ha dejado en segundo plano sus demandas por el bien común estas han caído en el más vergonzoso de los olvidos. Aunque se gane la lucha los avances conseguidos por las mujeres son los primeros en retroceder ante las dificultades. Ejemplos? Cualquier lucha revolucionaria o anticolonial; de Argelia a Vietnam, de China a la URSS. Después de la bocanada de aire fresco y libertad, vuelve la explotación, las tareas del hogar, la prostitución.

Por eso es necesario fortalecernos, nosotras feministas revolucionarias, socialistas o radicales, en el seno de un movimiento feminista autónomo, que no establezca su agenda en función de los tiempos de otras luchas, muchas veces contagiadas de un patriarcado insidioso. Es vital porque tenemos mucho por hacer y hay que hacerlo por duplicado como siempre. Primero está la opresión específica de la(s) mujer(es). Seguir reflexionando sobre violencia de género, derecho al propio cuerpo, derecho a la diversidad sexual, prostitución, heteropatriarcado, trabajo de cuidados…. Son todos temas importantes y urgentes, por eso no está demás comenzar por recuperar la memoria de la lucha feminista por esos derechos y contra esas opresiones. Porque hemos creado guarderías autogestionadas. Hemos abierto centros de información sexual y de interrupción del embarazo. Hemos trabajado en la clandestinidad. Hemos parado una ciudad con una huelga de mujeres. Hemos tenido miles de militantes. Y no podemos permitirnos olvidarlo.

En segundo lugar, completando lo anterior está la interrelación de las distintas opresiones, capitalista, racial, nacional, con el heteropatriarcado. Porque ya sabemos que la opresión de género no se vive de la misma manera si se es heterosexual o lesbiana o bi o trans, ni si se es inmigrante o nacional, ni si se es adolescente o jubilada, ni si se es sin techo o asalariada o reclusa o prostituta. Pero para incorporar esa diversidad necesitamos tener contacto con las mujeres que cristalizan distintas opresiones. Hemos de conseguir abrir nuestros espacios a las mujeres no militantes, para que éstos sean realmente un reflejo de las mujeres que constituyen nuestra sociedad.

Y para eso necesitamos tener presencia, según nuestros intereses y capacidades, en organizaciones no específicamente feministas, como sindicatos, asociaciones de vecinos o partidos para llevarles la contradicción y el debate. Eso no quiere decir “ocuparse del género” para que todo el mundo pueda sentir que ya hace lo suficiente. Eso quiere decir batallar por una corresponsabilización, una inclusión real de los objetivos feministas en los de la organización y una práctica feminista consecuente. Estar en los sindicatos nos permitirá conocer a las precarias. Estar en las asociaciones de vecinos nos permitirá conocer a las mujeres de los barrios, sus problemas, sus luchas. Estar en las asociaciones de inmigrantes nos permitirá conocer la discriminación racial. Y estar en todas ellas nos permitirá tener una práctica, aprender, enriquecernos, reforzarnos, participar en la toma de decisiones, ampliar nuestras alianzas.

Es imperante salir de la academia, de las instituciones, del ghetto militante, es un error del que debemos cuidarnos y que ha sido el de una buena parte del feminismo, feminismo burgués con el que no nos identificamos. La construcción feminista está ahí fuera y necesita más que nunca un movimiento que quiera aprender de los errores del pasado y abrirse a la diversidad que hace nuestra fuerza. Decía Virginia Wolf que como mujer no tenía patria, porque ninguna patria había defendido los derechos de la mujer. Si estamos en un proceso de construcción nacional, construyamos “matria” y no patria, basándonos en el conocimiento real del pueblo que queremos liberar, atrevámonos a exigirlo todo, para todas.

Amig@s del Che.

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