Apuntes sobre el Estado

En el hemisferio norte el invierno va llegando a su fin. La primavera asoma cálida y colorida. Va despejando los cielos. Alargando los días. Continúa el movimiento de traslación del planeta Tierra.

Y continúan también las disputas en el ámbito internacional y al interior de los estados nacionales entre las diferentes fracciones de la burguesía que disputan la hegemonía de los monopolios. Las contradicciones se exacerban. El nuevo emperador de la Casa Blanca encuentra obstáculos para llevar a cabo sus planes. Se los ponen sus compañeros de clase burguesa internos y externos. El tablero mundial está revuelto: EEUU busca mantener (¿o recuperar?) su posición de primera potencia mundial con el apoyo de sus socios belicistas de la OTAN, mientras que China parece (por ahora) continuar levantando las banderas de la globalización comercial; después de la batalla por la recuperación victoriosa de la ciudad de Alepo por parte de la República Siria, Rusia se erige como una potencia militar, los BRICS como bloque económico capaz de cuestionar al G8 y la Unión Europea trata de contener las contradicciones internas para no perecer. El capitalismo en su fase Imperialista sigue su curso. La multipolaridad es una consecuencia. Continuarán las luchas interimperialistas de siempre por el reparto del mundo, resta por ver que cotas alcanzará la violencia que cada actor imperialista se decida utilizar para defender sus intereses.

En el editorial de febrero señalábamos la importancia de “estar atentos al uso que se haga del Estado”. La sociedad se organiza en Estados y por lo tanto -a pesar de la concentración y centralización de la producción y el capital; la fusión del capital bancario con el industrial; el predominio de la exportación de los capitales sobre exportación de mercancías; la lucha por el reparto de los mercados existentes en el globo terráqueo; el reparto territorial entre las potencias imperialistas y la acumulación originaria que no cesa- el centro de Poder de la potencia Imperial se ubica y opera desde un estado.

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¿Unidad Popular o Frente Único?

Según Thierry Meyssan, el primer discurso del nuevo Emperador, llevaba el mensaje implícito de “que todas las decisiones adoptadas desde el 11 de septiembre de 2001 fueron ilegítimas[1]. A casi un mes de la asunción de Trump como presidente de la primera potencia militar del planeta podemos decir que, al menos, ya cumplió alguna de sus promesas. Entre ellas la retirada de EEUU del TPP. Lo que supone un revés para los sectores más globalizadores de la burguesía norteamericana y las pretensiones de las burguesías de pequeños países en ser imperialistas. Las declaraciones de Soros –patrocinador de golpes de Estado e impulsor de un Gobierno Global- sobre Trump, tildándolo de “estafador”, ponen de manifiesto la lucha entre fracciones burguesas. Resta saber qué grado de violencia alcanzarán.

“El sistema proteccionista fue un medio artificial para fabricar fabricantes, expropiar a los obreros independientes, capitalizar los medios de producción y de vida de la nación y abreviar el tránsito del antiguo al moderno régimen de producción[2]. Hace un mes escribíamos: “El aparente final de esta forma [la globalización] que ha adoptado el Imperialismo en ningún caso significa que haya culminado la fase Imperialista entendida como: concentración y centralización de la producción y el capital; fusión del capital bancario con el industrial; predominio de la exportación de los capitales sobre exportación de mercancías; lucha por el reparto de los mercados existentes en el globo terráqueo; reparto territorial entre las potencias imperialistas. Menos aún el final del capitalismo.”“El capitalismo premonopolista –cuyo apogeo corresponde precisamente al octavo decenio del siglo XIX- en virtud de sus rasgos económicos esenciales, que en Inglaterra y en Norteamérica se manifestaban de un modo particularmente típico, se distinguía por un apego relativamente mayor a la paz y a la libertad. En cambio, el imperialismo, es decir, el capitalismo monopolista, que sólo ha llegado a una plena madurez en el siglo XX, atendidos sus rasgos económicos esenciales, se distingue por un apego mínimo a la paz y a la libertad, por un desarrollo máximo del militarismo en todas partes”[3]. Por eso pensamos que las medidas proteccionistas anunciadas por el nuevo inquilino de la Casa Blanca encontrarán ciertos límites inherentes a la fase en la que se encuentra el capitalismo. Habrá que estar atentos al uso que se haga del Estado.

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“En esta globalización todos los globos se revientan”,

cantaba León Gieco en el año 1997.

 

Veinte años después no solo explotan las diferentes burbujas que el Capital Ficticio infla sino la Globalización misma. El aparente final de esta forma que ha adoptado el Imperialismo en ningún caso significa que haya culminado la fase Imperialista entendida como: concentración y centralización de la producción y el capital; fusión del capital bancario con el industrial; predominio de la exportación de los capitales sobre exportación de mercancías; lucha por el reparto de los mercados existentes en el globo terráqueo; reparto territorial entre las potencias imperialistas. Menos aún, el final del capitalismo.

Lo que parece haber muerto definitivamente es el mundo unipolar. EEUU ya no es hegemónico en términos económicos y, desde la derrota en Alepo, tampoco lo es en guerra convencional. Un mundo multipolar parece ser un hecho. Como escribiera hace unas semana el vicepresidente de Bolivia “El desenfreno por un inminente mundo sin fronteras, la algarabía por la constante jibarización de los estados-nacionales en nombre de la libertad de empresa y la cuasi religiosa certidumbre de que la sociedad mundial terminaría de cohesionarse como un único espacio económico, financiero y cultural integrado, acaban de derrumbarse ante el enmudecido estupor de las élites globalófilas del planeta.”1 La Globalización como relato ideológico fue iniciado por Reagan y Thatcher hacia principios de los años ochenta. Casi cuatro décadas después el “meta-relato de la globalización como horizonte político ideológico capaz de encauzar las esperanzas colectivas hacia un único destino que permitiera realizar todas las posibles expectativas de bienestar, ha estallado en mil pedazos2. Y esto no es por la victoria electoral de Trump. El futuro presidente de Norteamérica es una consecuencia de las contradicciones estructurales del sistema capitalista.

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